Cincuenta millones de años atrás, islas flotantes llegaban a Madagascar con pequeños
mamíferos, eran los lémures que sin peligros relevantes crecieron en la isla hasta
evolucionar en once especies diferentes, variando tamaños, colores, movimientos o
comportamientos.
Ahora constituyen la fauna más conocida y característica de Madagascar.
En los roquedos del Parque Nacional de Isalo, los lémures de cola anillada
observaban a guías y viajeros, pero rápidamente se desplazaban hasta sentarse en la
esquina pedregosa para llamar a sus familias, con vocalizaciones muy peculiares,
creando un gran espectáculo de sonidos.
En otro de los Parques Nacionales, esta vez al sudeste, en Ranomafana, las
excursiones nocturnas mostraban gracias a las linternas de los guías, pequeños
lémures ratón encaramados en las copas de los árboles.
También en Ranomafana otra fauna nocturna que se dejó ver fueron sapos, pequeñas
ranas o camaleones, éstos últimos campeones del camuflaje y amplísima presencia en
toda la isla.
En la reserva privada y comunitaria de Anja, desde donde hice la foto de esta
entrada, las familias de lémures de cola anillada conformaban centenares de
ejemplares y aquí sí que estaban acostumbrados a la presencia humana, mostrándose
más sociables que en otras zonas.
Los lémures sorprendían pero la variabilidad de camaleones era impresionante, y por
su inmutabilidad en posturas se podían observar perfectamente, maravillando más aún
como se mimetizaban con el mismo color del entorno, incluso de noche, o como
enmascaraban sus tamaños, asegurando pasar inadvertidos en el medio natural.
La fauna en Madagascar fue excepcional pero no puedo olvidar una planta autóctona
de la isla conocida popularmente como el árbol del viajero, Ravenala
madagascariensis, muy bella con hojas enormes en forma de abanico, allí lucían
altísimas y eran el hogar perfecto para muchos insectos.
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