La costa de las
tierras altas escocesas, las Highlands, conducía hacia un destino auténtico, la
isla de Skye, al igual que las demás islas de las Hébridas Exteriores.
El puente de Skye, Kyle of Lochalshm, fue la entrada a la
isla, que daba paso a una geografía diseñada por la cordillera montañosa de las Cuillin, con cumbres, arroyos, bahías,
acantilados y Portree, el pueblo principal.
Las zonas verdes con
granjas dispersas, combinado cultivos, rebaños de ovejas y vacas, éstas con un
pelaje y cuernos peculiares eran parte del paisaje de la isla.
En el extremo más
occidental de la costa norte, la zona cercana al faro de Neist Point, abierta a
fuertes vientos, valorada con las mejores ubicaciones para ver ballenas, otro
punto fuerte de la isla, su fauna salvaje.
A principios de
primavera, Skye mostraba su atractivo de nieve en sus cumbres y zonas elevadas
contrastando con el mar, la vida del campo y la marinera.
Especialmente en la
isla de Skye los isleños mantienen viva su lengua gaélica escocesa, para los
visitantes utilizan el inglés, porque Skye representa un legado histórico
importante, repleto de signos culturales, además de leyendas.
A lo largo de los
siglos, los habitantes de la isla formaron familias y clanes, siendo una de las
máximas muestras de esta posición y estatus, localizados en uno de sus
castillos, el castillo de Dunvegan, con rivalidades mantenidas en el tiempo con
otros grupos familiares.
Esta isla de
naturaleza salvaje, extenso pasado, muy visitada, logró mantener, a pesar de
sucesos históricos, sus tradiciones, aunque éstas se prohibieran durante más de
un siglo, algo de lo que pueden estar orgullosos.
Enlace de interés:https://skyemuseum.co.uk/
viajarconrosana.blogspot.com









