El litoral gaditano unía mar y tierra, con
ritmo continuado agua, sol y viento modelaban el espacio natural de la bahía,
ahora poco profundo pero con una historia de mezclas de aguas saladas y dulces
del antiguo estuario.
Parecía un entorno organizado, aunque
podía significar que detrás del paraje natural estuvieran movimientos más
complejos de la Naturaleza.
Marismas, lagunas, humedales costeros,
playas, espacios inundados por el sol definían el paisaje de la bahía.
Los vientos y sales también conformaban
la flora, adaptada a la salinidad, diferenciándose plantas distintas en zonas
bajas y elevadas de la marisma.
Las aves acuáticas eran las protagonistas
del cielo y también de la vegetación baja del suelo, con polluelos de pocos
días que buscaban alimento, bajo observación de las madres.
La bahía de Cádiz significaba la invernada
de gran número de especies de aves y posterior reproducción con la llegada de
la primavera.
El paraje natural también sirvió a sus
habitantes para la explotación de las salinas, un valioso patrimonio cultural, esta
actividad desapareció con nuevas técnicas de frío industrial.
El modelaje del paisaje es sugerente,
repleto de historias, biodiversidad, especialmente de distintos ecosistemas en perfecto
equilibrio.
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