El pasado invierno entre las provincias de Málaga y Granada un paisaje espectacular esperaba, como protagonista el karst, rocas disueltas lentamente generando una gran llanura fértil, un extenso valle cerrado de 10 km, aprovechado desde la antigüedad para el cultivo, rodeado por las aguas que vierten arroyos y ríos del cercano Parque Natural de Almijara, Tejeda y Alhama.
La llanura en algunas zonas se veía inundada, el invierno en
la provincia de Málaga fue muy lluvioso, la clave del polje estaba en la salida
natural de agua, a través de sumideros, de forma subterránea, hacia la Sierra
de Loja, generando en esa localidad manantiales y fuentes.
Las panorámicas estaban presididas por el pico de La Maroma
con 2069 metros, que aún conservaba nieve en zonas de cumbre.
Al paso se podían ver lirios violetas, con distintas
intensidades de color, en zonas boscosas había encinas, sobre las rocas líquenes
y musgos daban idea que hasta en la piedra había vida.
El paisaje mostraba el conocido popularmente como “Boquete
de Zafarraya”, una falla sísmica, un paso de montaña, en la localidad de Ventas
de Zafarraya.
Este punto estaba marcado de gran importancia arqueológica con
La Cueva de Zafarraya, yacimiento valorado con el mayor número de restos
neardentales de la Península Ibérica, además de fósiles vegetales y animales.
La belleza del paisaje se hacía patente a medida que se
ascendía, donde el valle se perfilaba con el marcaje del declive de las
montañas.
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